Diez años después de la tragedia, Culto

Nosotros somos Culto Alice in Chains, un proyecto que nació a partir de la devoción que sentimos por esta increíble banda. Una banda a la que adoptamos como propia, porque nos representa, nos identifica y nos hizo (y hace) pasear por todas las caras que pueden adoptar las distintas emociones humanas. Hoy, esto lo hacemos desde un lugar de emoción y celebración, pues esta nueva formación está más viva de lo que muchos hubieran pensado hace unos años, y hasta se han animado a arrimarse a nuestras tierras latinoamericanas. Sin embargo, hoy me toca la agridulce responsabilidad de inaugurar esta sección: la sección de Layne.

 

Querido lector: si usted ha llegado hasta aquí, a leer nuestras humildes y honestas líneas, dudo que haga falta hacer algún tipo de aclaración sobre a quién estamos refiriendo. No hacen falta segundos nombres, apellidos, ni sobrenombres. Nuestro Layne fue único, y es nuestra responsabilidad que así siempre sea recordado. Hace poco conmemoramos nada menos que una década cumplida desde el día de su muerte. Hace 10 años nos enterábamos de que el cielo se llevaba al ángel con la mejor voz del universo. Debo confesar, no sin un dejo de amargura impresa en cada palabra, que todavía no decidí si fueron ellos los que allá arriba hicieron algo realmente bien, o nosotros, los terrenales y simples mortales, que por vaya a saberse qué razón merecimos semejante castigo. Siguiendo el camino de esta honestidad brutal, les cuento que a mí, personalmente, todavía me cuesta demasiado seguir escuchando su voz. Pienso en lo que fue, pienso en lo que pudo haber sido, pienso en lo que finalmente no fue. Y no puedo evitar esa angustia que me carcome el alma hasta dejarla hecha añicos, cada vez que me acuerdo de que Layne ya no está entre nosotros. Cada vez que lo vuelvo a escuchar cantar lo imagino con el corazón (ese corazón de oro) en la mano, estrujándolo un poquito. Ésa era su voz. Ésa era su esencia: personal, honesta, humilde, vulnerable, sentida… Vivió en su propio pequeño infierno, ése que lo convirtió en el hombre que fue al morir. Pero para nosotros, fue mucho más que eso. Mucho más. Personalmente, lo recuerdo con un cariño muy especial, porque me dejó mucho más de lo que se puede imaginar, más de lo que me dejaron (y dejarán) personas con vidas largas, vacías y egoístas. Y de la forma en que abandonó este mundo, confirmó nuestras sospechas de que fue un tipo tremendamente honesto, sincero y vulnerable. Que mediante su música, nos co(a)ntaba realmente lo que le pasaba y sentía, que esas agónicas notas eternamente bien colocadas, eran un grito de auxilio que por quién sabe qué razón, nunca pudo o quiso recibir. Sabemos que sufriste, Layne. Y todos nosotros te escuchamos cantar tu dolor con devoción. Hoy sentimos tu música de otra manera. Una manera más real, más visceral, más sanguínea, y con un escalofrío recorriéndonos todo el cuerpo. Nuevamente, y esta vez con mi corazón en la mano, GRACIAS por todo. Espero que hayas encontrado la paz que nunca pudiste encontrar en vida...

 

Nuestra existencia es Alice in Chains, nuestros días transcurren a través de su música. Es lo que nos une, lo que nos alimenta, lo que nos hizo conocer nuevos amigos, nuevas partes del mundo, lo que nos hace vibrar con cada nota. Es lo que queremos compartir con ustedes en este espacio, con estas palabras que quedarán por siempre flotando en el éter informático de la internet. Pero si con esta ensalada de sentimientos podemos llegar a identificar alguno de ustedes, entonces sepan que éste es su lugar. Por favor, siéntanse como en su casa. En este espacio van a encontrar Alice in Chains por un largo rato. Es por eso que hoy quiero inaugurar este segmento con una voz distinta, mas no desconocida para nosotros. Me gustaría que escuchemos a un grande cantando desde lo profundo de su corazón sus más crudos sentimientos. Como dije anteriormente, hace 10 años nos enterábamos de la muerte de Layne Staley. Ustedes, yo, y todo el mundo. Eddie Vedder incluído.

 

Esta fue mi carta de presentación, hasta aquí mi verborragia.  Ahora disfruten de este verdadero maestro, que supo poner en palabras el pensamiento de muchos de nosotros. ¡Ah! Y nuevamente, bienvenidos.

 

-Todos ustedes, tontos que cantan igual a él. Siéntanse libres de hacerlo, ahora que él está muerto. La adicción se cobra su saldo, aislamiento. Tan feliz de ser uno, triste de pensar… Triste de pensar en él. Amigo solitario, todos lo sabíamos. Siempre esperé que pudieras recuperarte. Sin culpas, podrías ser vos… Drogándote… No puedes envejecer drogándote… 
Entonces, canten como él, malditos. No lo van a ofender a él, sólo a mí. Porque él está muerto.-

 

 

Cande Aznarez

04.mayo.2012


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